
Para Javier Aguirre
Ricardo D. Cantú*
Hace como 25 años jugábamos voleibol los domingos, en un predio llamado “El Grillo”. Javier llegaba de participar como futbolista profesional con el Club América y a pesar de ello, siempre tenía pilas para los apasionantes partidos que se organizaban entre amigos. Como extraordinario atleta, también destacaba en esta disciplina y le escuché decir varias veces entre carcajadas - cuando alguien fallaba alguna jugada -: “excelente intensión, pésima ejecución”.
Esta sencilla frase se hace patente en muchas organizaciones y empresas, que tienen muy claro qué quieren hacer y a dónde quieren llegar; pero que a la hora de concretar en las tareas cotidianas, se abre una significativa distancia (gap) entre lo declarado y lo realizado. Hablo, estimado lector, de aquellas empresas que ya han dado pasos de evolución y cuentan con estructura y rumbo. Hemos sido testigos de cómo altos directivos de empresas y organizaciones realizan extraordinarias presentaciones y de cómo logran altos impactos en su audiencia, despertando el reconocimiento por la estructura presentada: los conceptos son claros y plausibles… los rumbos definidos.
Sin embargo, al bajar hacia la operación observamos que esos deseables e ideales elementos, no encuentran su realización en el piso, en la trinchera, en el día a día. Se expresan valores y no se cumplen, se manifiestan objetivos estratégicos y no se hace lo conducente para llegar a ellos en tiempo y forma. Se invierten importantes cantidades de dinero en la elaboración de los procesos y procedimientos y nadie los cumple; se logran certificaciones de calidad y sólo son recordadas los días previos a las recertificaciones o auditorías. ¿Por qué sucede lo anterior? Mayormente el problema reside en el liderazgo: se pierde consistencia, no se focalizan los esfuerzos de los colaboradores y se les sobrecargan de proyectos. Otra razón obedece a que no se han realizado esfuerzos sistemáticos para comunicar adecuadamente a toda la organización los conceptos claves (Misión, Visión y Valores; o los objetivos estratégicos de cierto período), y la Dirección no se ha asegurado de que éstos sean aprehendidos por todos los colaboradores. En ocasiones inclusive, hemos sido testigos de cómo el aparente desconocimiento, es una soterrada forma de saboteo.
En tiempos de crisis cuando las cosas no se logran en tiempo y forma, todo mundo se dirige a la Dirección para obtener respuestas, pero ¿Ésta a quién recurre? De aquí la importancia de apoyarse en la experiencia y capacidad de empresas formales de consultoria.
*Socio Director de GETI, S.A. de C.V. e investigador del ITESM.








