Ricardo D. Cantú
Los toltecas, ejes fundamentales del libro que hoy sometemos a la consideración de todos ustedes, desarrollaron el concepto de “Humanizar el querer”. Señalan que es responsabilidad y atribución de quien pretende ser hombre de poder, fortalecer el sentido de gratitud. El hombre de poder debe saber dar gracias por estar vivo en el momento presente y porque está consciente de que ocupa un lugar en el Universo y éste siempre lo cobija. Quien aspira a ser hombre de poder, sabe que la gratitud “es una forma de comunión”. Intentando honrar a nuestros sabios ancestros quiero iniciar esta intervención agradeciendo a todos ustedes su presencia.
De forma especial agradezco al Dr. Roberto Rueda Ochoa Rector de la Zona Centro del Tecnológico de Monterrey, entusiasta impulsor de la Cátedra de Liderazgo en donde se enmarca este humilde esfuerzo;
Al Dr. Pedro Grasa Soler, director General del Campus Estado del México, quien avaló el proyecto y lo hizo crecer ya que éste volumen será el primero de la colección que hoy se inaugura sobre el “Liderazgo Mexicano”, y que encuentra abrigo en la Escuela de Graduados en Administración de Empresas que dirige la Doctora María Fonseca. Mil, mil gracias.
También agradezco a Don Manuel Porrúa quien con su entrañable franqueza y generosidad me contactó con Don Octavio Colmenares, editor cuidadoso y entusiasta, y sin duda hombre de conocimiento.
Dos generosas lectoras revisaron el documento e hicieron valiosas propuestas para mejorarlo. Hoy no me pudieron acompañar, pero saben de mi más profundo agradecimiento.
Durante el segundo trimestre del año pasado y dentro de mis actividades profesionales y de consulta, fui invitado a ofrecer una charla para un público formado por funcionarios federales. Al concluirla, quedé con sensaciones cercanas a la depresión y que bien pueden ser definidas con las siguientes frases. Reconozco que hablo de la gran mayoría de los entonces presentes y que no necesariamente aplicarían para todos:
- ¡Puff!, en verdad ¡Qué flaca está la caballada!
- En el mejor de los casos, si es que pude explicarme más o menos bien… ¿Algunos de los presentes habrán realizado exitosos procesos de sinapsis?
- Si por fortuna algo escucharon ¿Habrán retenido algún concepto?, y más aún ¿Lo aplicarán en el ejercicio de sus tareas de servidores públicos?, ¿O será que en este caso, aplica aquello de “chango viejo no aprende maroma nueva”?
En dicha charla presenté por primera ocasión, las ideas sobre la forma de liderazgo que los toltecas desarrollaron hace cientos de años para convertirse en hombres de poder, en líderes. Su concepto de liderazgo es diametralmente opuesto al que ahora, por desgracia, conocemos y que ejercen muchos de quienes nos dirigen, no sólo en el ámbito político sino en el empresarial y en el social. Los toltecas partían del conocimiento y desarrollo personal, para construir liderazgos cuyo fin prioritario era servir a sus comunidades, aplicando valores como la congruencia y la honestidad. Nuestros sabios ancestros reconocían que la tarea de ser líder, requería la vida toda, así como la impecabilidad en cada uno de sus actos.
Ellos definieron un proceso para, una vez cubiertas las confrontantes y apasionantes asignaturas vitales que planteaba, llegar a ser hombre de poder o líder. Hoy se podría hablar de un método constructivista fundamentado en experiencias significativas. Así el alumno iba pasando de ser un Macehual, a ser Ticitl, luego Guerrero para finalmente llegar a Tlamatini. Quien arribaba a este honroso nivel, usualmente lo hacía con los años y la sabiduría a cuestas. Entonces y únicamente entonces, podría ser llamado no sólo hombre de poder o líder, sino también hombre de conocimiento. Los primeros 5 capítulos del libro que hoy presentamos a su consideración, nos llevan a recorrer el emocionante proceso ligado a estos cuatro niveles, también llamados Tezcatlipocas.
Al paso del tiempo, llegué a la conclusión de que la incipiente depresión que viví durante los días posteriores a la citada charla, se generó al darme cuenta de la enorme distancia que observé, existía y existe, entre nuestros representantes y servidores sociales y el ideal planteado por los toltecas.
Animado por mi maestro, jefe y amigo Carlos Machorro Camarena entusiasta promotor de este proyecto, decidí meterme en el tema con mayor profundidad y enfrentarme al vértigo de la página en blanco. Comenzó a darse un fenómeno maravilloso: las frases iban surgiendo como si ya estuvieran por ahí (decía León Felipe que a él, se las escondían en los bolsillos algunos traviesos angelitos), las citas fueron revelándose y encajando como piezas de un rompecabezas y lo más sorprendente: comenzaron a llegar libros, artículos e inclusive trabajos por internet de ¡remitentes desconocidos! Por las noches con Amalia, mi amiga y compañera de vida –ahora convertida en implacable asesora literaria-, leía emocionado mis balbuceantes adelantos. Ya con cierta forma, los puse a consideración del Sr. Machorro quien fiel a su estilo, hizo más grande el proyecto y me pidió que profundizara en el tema de Responsabilidad Social y en el de las características del actual líder mexicano, elementos que se plasmaron en los capítulos seis y siete de este libro. Espero que les sean sugerentes los conceptos de Responsabilidad Fundamental y del Síndrome del Chingón, que ahí se plasman. Puedo adelantarles que nuestra soberbia sociedad occidental, ha olvidado todo el impresionante conocimiento que los grupos indígenas tienen de siglos sobre el cuidado, protección y comunión con nuestra Madre Tierra.
Queridos amigos y amigas debo de hacer frente a ustedes dos confesiones:
Sé, en primera instancia, que si algún mérito puede tener este libro es la recopilación de las voces y los escritos de muchos quienes, ya habían plasmado ideas al respecto. Una buscadora incansable: Deby García Escamilla me puso en contacto con los 4 Tezcatlipocas, deidades de nuestros ancestros, a quienes también agradezco el permiso para retomar estos temas y hacerlo en forma pública. Espero estar a la altura de sus enseñanzas.
La segunda, parte de una frase del jesuita Pierre Teilhard de Chardin: “en las ciencias sociales el objeto y el sujeto de la investigación, suelen confundirse”. Tenía razón: estas páginas impresas que hoy se presentan, han movido toda mi estructura. Diría que a estas alturas del partido, me he obligado a aprender maromas nuevas y la verdad es que aún no las domino del todo.
Por ejemplo: he tenido que poner a prueba la congruencia entre mis actos y mis dichos y sin duda, muchas circunstancias me han forzado a cuestionar mi importancia personal. He tomado consciencia de que mi vejez la estoy construyendo día a día, si pretendo acercarme al ideal plasmado por los toltecas. Vaya, con eso de la Responsabilidad Fundamental (concepto acuñado en este libro, el cual pretende ir más allá de la Responsabilidad Social), me pregunté sobre lo correcto que era manejar una camioneta de 6 cilindros y fabricante por excelencia de contaminantes. Es decir, sujeto y objeto (escritor y escrito), se fueron amalgamando.
Sé que a partir de que el libro comenzó a circular y que deseablemente atrape algunos amables lectores, tendrá vida propia. Si me permiten la licencia de soñar con algunos deseos para el mismo, les diría:
- Espero que sea una humilde semilla de esperanza, que caiga en quienes estén cansados de los líderes corruptos, incongruentes, usadores, mentirosos e inclusive cínicos, que por desgracia pululan en nuestra sociedad. Lo que hoy vivimos se debe a que nos hemos olvidado de quienes invertían la vida toda, en desarrollar el arte de ser líder al servicio de sus comunidades sin buscar nada a cambio.
- Desearía que fuera un mapa para estudiantes, profesores, empresarios, emprendedores, amas de casa, profesionistas independientes; pero sobre todo para los jóvenes, que les permita explorar a partir de la sabiduría ancestral, caminos llenos de sentido y dignidad, senderos de congruencia y realización; vías de servicio desinteresado para construir mejores comunidades y con ello un mejor país. Los toltecas nos mostraron que los verdaderos líderes se hacen por medio de un largo y profundo proceso de construcción personal.
- Si me invitaran a algún círculo de visiones como lo acostumbraban nuestros ancestros, y envalentonado por la compañía de tales hombres de conocimiento, soñaría que este libro caiga en manos de algún político actual o un alto empresario sin consciencia y ¡Oh, milagro!, lo atrapara. Que los restos que todos compartimos de sangre indígena se activaran en su corazón y que se enfrentara en un profundo proceso de recapitulación a su “espejo humeante”, al Tezcatlipoca que todos tenemos por heredad: que confrontara sus incongruencias, sus mentiras y su cinismo y que decidiera por la ética, por conservar a nuestra Madre Tierra; que en verdad sirviera a su comunidad y que no buscara sólo los objetivos económicos que han sido su guía de actuación como líder.
De una manera especial, quiero agradecer a Don Miguel Ángel Granados Chapa que haya distinguido con su presencia al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Don Miguel Ángel además de haber nacido en Hidalgo, asentamiento por excelencia de los toltecas, es un obligado punto de referencia en cuanto a sus opiniones sobre el acontecer nacional. Ahora es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y recientemente y con toda justicia, recibió el más alto reconocimiento que el Senado otorga a un ciudadano mexicano: la presea Belisario Domínguez en atención a su larga y fructífera carrera como libre pensador y comunicador. Si en nuestro país se han logrado ciertos atisbos de consciencia, la postura valiente y comprometida de Don Miguel Ángel, sin duda ha contribuido a ello. Además fue muy valeroso hace ya casi 20 años, cuando sin conocerme, tuvo la paciencia de leer todos los jueves (por lo que es más significativa hoy su presencia), mis torpes esfuerzos para ligar una frase con otra, pero sobre todo, darles cierto sentido comunicativo. Miguel Ángel, mil gracias por hoy honrar con su presencia este evento.
En fin.
Este humilde esfuerzo me ha permitido vislumbrar que para formar líderes distintos, no tenemos que voltear hacia afuera sino a nuestro interior, a nuestras raíces y redescubrir que somos orgullosos herederos de un grupo de hombres de poder, de hombres de conocimiento intachables en su proceder, quienes servían con amor a sus comunidades, pero sobre todo sabían hablar con su corazón.
Muchas gracias a todos quienes hicieron su parte, para que hoy este libro esté listo para salir a sembrar. Además y atendiendo a las enseñanzas ancestrales, en luna nueva, lo cual augura una buena cosecha. De nueva cuenta, mil gracias.
Leído el 20 de agosto del 2009, en la presentación del Libro “El Líder: Hombre de poder. El camino tolteca del liderazgo con corazón”, en el ITESM-CEM.








