Ricardo Cantú

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Las clases sociales dentro de la cárcel.

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cárcel

Segunda de cuatro entregas.

Ricardo D. Cantú 

 

Como toda organización social, la cárcel no puede exentar la arraigada costumbre de la humanidad de generar y reproducir una estructura de jerarquías internas que son respetadas empleando, sin argumentaciones válidas en contra, el dinero y la violencia como recursos fundamentales. Nuestro informante describe dos grupos cada uno con sus respectivos niveles. Desde la perspectiva de la “autoridad” señala en orden: a los Comandantes de custodios, los custodios y los técnicos penitenciarios. Desde el ángulo de los reclusos se distinguen: los “padrinos”, las “mamás”, los “sin esperanza”, los “monstruos” y el “resto del mundo”. 

 

Los Comandantes de los custodios deben ser prepotentes, con capacidad para organizar la burocrática y corrupta red de actividades cotidianas. Contarán con un rico lenguaje de palabras peyorativas, portarán un negro uniforme con las paradójicas siglas de la Dirección de Readaptación Social. Si bien no están armados siempre tienen a la mano mangueras o palos y buscan cualquier oportunidad para hacer sentir mal a los inquilinos carcelarios. Los custodios – lógicamente reclutados de los niveles más limitados de educación formal y familiar dentro de la sociedad -, se hacen duros como única forma de sobrevivir ante tantos verdaderos criminales y psicópatas… y también frente a los otros que son llevados a la cárcel por situaciones poco explicables, como es el caso de nuestro informante. Sin embargo, y salvo sus muy honrosas excepciones, parecería que gozan de maltratar, hacer sufrir y denigrar a los internos. Unos y otros, son el mayor ejemplo de la incongruencia: formalmente son los representantes de la ley y la justicia y son los organizadores de la corrupción interna. Unas monedas son suficientes para que quien lo pueda pagar cuente con televisión, video, compañía prostituida, licores, drogas, películas o revistas pornográficas, etc. Los reclusos rápidamente aprenden a “domesticarlos” y a cambio de dinero, contar con algunos privilegios – por ejemplo, no pasar lista con toda “la banda”-. Siempre hablando desde la experiencia de nuestro informante, los técnicos penitenciarios juegan un rol de mayor servicio y apoyo a los reclusos. Asesoran y ofrecen algunas soluciones a los problemas cotidianos. Cabe señalar que muchos de ellos cuentan con carreras profesionales como Trabajadores Sociales.

En cuanto a los reclusos, el nivel más encumbrado dentro de las castas internas, son los “padrinos”. Usualmente son reos con muchos recursos económicos lo que  les permite inclusive contar con un grupo de “guaruras”, integrado por reos que son capaces de matar a alguien a cambio de cantidades irrisorias de dinero. Los “padrinos” gozan de comodidades preferenciales – mayores espacios, comida especial, etc.-. Son frecuentes las luchas de poder para defender prebendas y territorios. Obviamente cuentan con el aval – bien pagado - de Comandantes y custodios, y demás autoridades del penal. 

Las “mamás” son quienes dirigen las celdas, pomposamente llamadas “estancias”. En estas se ubican literas de cemento, una letrina en condiciones deplorables y un espacio pequeño para comer y cocinar. El requisito indispensable para ocupar este cargo es ser el recluso de mayor tiempo dentro de la estancia. La “mamá” toma pequeñas decisiones cotidianas: por ejemplo, si entre los miembros de la estancia se organizan para preparar los alimentos señala qué hacer de comer, etc. En la medida de lo posible es un intermediario entre quienes conviven en la estancia, usualmente en condiciones de hacinamiento, y es el primero en enterarse de los cambios entre los miembros de su grupo – quiénes de ellos salen del penal o quiénes son asignados a otras estancias -. 

 

Tal vez el grupo más peligroso dentro del Reclusorio es el que llamaremos “los sin esperanza”. Este grupo está formado por quienes purgan condenas eternas: 30, 50, 70 ó más años y difícilmente saldrán con vida del penal. Así que una condena más, no tiene la menor importancia. Ellos son los encargados de “picar”, golpear e inclusive matar a otros reclusos, esto último por tan solo 500 pesos. Se comenta que para castigarlos existen áreas restringidas, sobresaliendo un espacio en donde las celdas son similares a jaulas sobrepuestas, lo que hace que los excrementos de los castigados que ocupan los “pisos” superiores, caigan sobre quienes ocupan las jaulas de los pisos inferiores. Muchos de ellos usan como método de sobre vivencia el dar a conocer su currículum delictivo, al tiempo que son especialistas en aplicar ciertas llaves de lucha libre lo que les permite llevar a sus víctimas a ese punto exacto entre la vida y la muerte, sin dejar mayores rastros. 

 

Los “monstruos” forman la clase más baja del penal: hacen labores como acarrear agua, con cartones cubrir de la lluvia a los reclusos que realizan llamadas telefónicas, lavan los escusados o reciben “bombones” a cambio de algunas monedas que atesoran durante todo el día, para cambiarlas por la tarde por “un toque” – cigarro de marihuana -. Algunos de estos reclusos se prestan para que otros desquiten su coraje contra la vida o las circunstancias, golpeándolos – esos son los llamados “bombones” -. Por lo mismo, es frecuente verlos con el rostro amoratado. Muchos de ellos son reincidentes y fuera de la cárcel no son más que parias en la inmensa ciudad, ya que han perdido toda red afectiva y social. En cambio dentro de la cárcel, todos saben quienes son. Pongamos por ejemplo al “Kalusha”, quien suele recibir un baño de orina mientras duerme bajo el sol, ante la risa burlona de sus compañeros y custodios. 

 

El último grupo lo llamaremos “El resto del mundo”. Son la mayoría de los reclusos quienes ya están sentenciados o quienes enfrentan largos y tortuosos procesos. Muchos de ellos se crucifican para dormir – dado que no existe lugar suficiente, se amarran a los barrotes de las puertas de las estancias -, o duermen sobre el piso junto al escusado y aprenden a vivir entre piojos, cucarachas y una siempre creciente y libre colonia de roedores.

 

Este mundo piramidal, lucha por sus espacios y ejerce sus roles bien definidos. El "equilibrio social" es siempre frágil y está dominado por el dinero, el poder represivo y la violencia.  

Actualizado ( Martes, 05 de Mayo de 2009 20:02 )  

Comentarios  

 
0 #1 RAÚL PAREDES 26-03-2011 15:39
Buen día.

Primero quiero externarle mi admiración. He seguido su trabajo desde hace tiempo. De hecho cite su trabajo "La Cárcel" en mi tesis hace alguno años atrás. Vine a encontrar su trabajo en esta página y me da gusto poder retomar el leerlo... Saludos
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