Ricardo Cantú

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Testimonios

Ricardo. Por Rodolfo Cantú

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Estoy seguro de no contar con el don de la prosa bella y profunda de Richard, no sé de hecho qué escribir, así que siguiendo un consejo de Normita y revisaré mis pensamientos en retrospectiva.

Domingo 26 de junio 2011

Ya se decantaron los sentimientos y los recuerdos, ahora me queda claro que ésto que escribí y ahora leo es para mí, para poder alcanzar un sentimiento de paz interior. Ricar ya está –literalmente- más allá del bien y del mal. No sé si me escucha, no sé si me ve, desearía comprobar que sí, pero no me es posible.

Sábado 11 de junio 2011

Siempre fui escéptico a los dogmas religiosos y hoy, sentado alrededor de la mesa de Jesús con Amalia, Debbie, Norma, Atli, Elelli, Andy, Ana, Cofi y Vanesa no es la excepción. Me siento raro, me confunde lo que Jesús dice pero se afianza en mí la idea de que Ricar no se encuentra en algún lugar buscando el ascenso, la luz, la puerta, el camino que lo llevará a un lugar mejor, él ya está en la luz, en la paz.

Me alcanza el recuerdo del Pastor Clemente en la iglesia Príncipe de Paz en el 68, el del Padre López en Santa Teresita en el 76 y ahora Jesús, que comparten la profunda fe, el conocimiento de lo que dicen y la vehemencia de las oraciones… que por más que intento no logro –no logré- compartir y que a la postre me llevaron a salir de esas iglesias y creencias.

Domingo 5 de junio 2011

Me sorprende la cantidad de personas que nos acompañan en la funeraria; gente que no conozco y que sin embargo formaban parte fundamental de la vida de Ricar y me siento bien de ver a antiguos amigos mutuos y familiares que por desgracia y características de la vida nos reunimos en la muerte. Todos sin excepción son cariñosos, amables y están sorprendidos de la noticia, algunos visiblemente abatidos.

Todos los que lo rodeamos en vida nos quedamos con algo trunco al morir Ricar –grande o pequeño- a todos se nos quedó algún pendiente: los más importantes en el enojo, la distancia, el olvido o la desatención. Otros el beso, el abrazo, el apapacho o hasta un telefonazo. Algunos más la terapia, la plática, el consejo. Seguramente la revisión del libro, la página de internet o simplemente los buenos días.

Durante la noche tengo por primera vez una sensación de orfandad que insiste en aparecer en los momentos más insospechados ¿cómo le hago para hablar con él si ya está inclusive cremado?

Sábado 4 de junio 2011

Dudo con Normita de ir a la comida, llegué tarde del trabajo y le comento que mejor nos quedamos a dormir o descansar, por alguna razón decidimos ir y nos activamos, llegamos 30 ó 40 minutos tarde al restaurante… minutos después me enteraría de lo importante que sería acompañarlo y la marca que dejaría en mi ese momento.

Son las 5:15 de la tarde y Ricar come con pedazos de tortilla un poco de mole de mi plato, le gusta, lo hace 5 ó 10 veces, lo disfruta.

Lo veo regresar por tercera vez del baño y lo veo encorvado, cansado, pero no comento nada, él tiene fe en sus tecitos y sobre la mesa está el vaso con uno de ellos –¿el tercero? ¿el cuarto del día? No lo sé- por lo pronto come unos pedazos de su postre –gelatina- y hacemos alguna broma sobre no recuerdo qué.

Inclina su cabeza sobre la mesa y se recarga ligeramente a la derecha, el lado en el que yo estoy. Ya no volveré a tener ninguna respuesta o reacción de él. Viene el sainete, pasarlo a la silla de ruedas, respiración artificial, mucho o poco pero todo lo que se nos ocurre es inútil, le hago a Normita una señal. Me cae el veinte que ha fallecido. A partir de ahí todo es desagradable y descartable.

Sé que la vida le concedió una muerte rápida y aparentemente sin dolor, consecuente con a la petición de que su cuerpo no fuera mutilado.

Ahora sólo me quedo con el privilegio que la vida me otorgó de sostener su cabeza, de acompañar sus últimos segundos. No sé si escuchó lo que le dije, pero quiero pensar que sí y eso me da tranquilidad.

Martes 31 de mayo 2011

Mary Virginia ha dicho que Ricar nos convocó para asistir a la comida en la que perdió la vida; ciertamente ese día me llamó y me dijo:

- Hermano, tres cosas, nos vemos el sábado para la comida con Mary, que te vaya bien con Oscar… - y la tercera… no la recuerdo porque lo interrumpí

- le dije –¿qué de Oscar?-

- ¡¡Vas a ir a pedir a su novia mañana!! ¿Buscaste que se dice en esos casos en Internet?

- No hermano es el primero ¡¡pero de julio!!

- Bueno, de cualquier forma busca algo y buena suerte. No dejen de ir el sábado.

Le comenté que tenía trabajo y salía tarde, me dijo que hiciera la lucha por ir pero que si no podía ni modo.

Domingo 29 de mayo de 2011

Amalia y Ricar pasan por Normita y por mí al departamento para ir a casa de Atli en Tepozotlán, maneja él y tenemos la sensación de que lo hace medio mal, corrige la dirección de auto de forma brusca e innecesaria.

Pasamos una mañana muy bella con Atli, Essi, Yao, Vane y algunos amigos. Como testigos tenemos algunas fotos y el recuerdo de sentirme bien por ver a Atli y Ricar compartiendo un estilo de vida y educación en la infancia que –como lo comentamos ahí- es muy diferente al que nosotros tuvimos: si nos hubiera visto la Madona echándonos agua y jugando desnudos nos hubiera dado unas nalgadas… Se desaparece varias veces para ir al baño, no lo tomo como algo malo. Manejo de regreso yo y nos despedimos con planes de vernos el sábado para comer con Mary Virginia. Del 15 de junio 2001 al 7 de julio 2003

No puedo separar mi vida de la de Ricar en esos dos años, sólido, consistente, dándome siempre la buena cara aunque al llegar a casa con Amalia se durmiera en el piso para tratar de sentir lo que yo vivía en el reclusorio. Los más graves y tristes momentos como cuando le llamo del reclusorio y me dice “…¡ay hermano, nos engañaron estos cabrones de Gutiérrez Vivó! ¡Me dijeron que saben que mi mamá tiene casa, que se la demos también!...”

Sin embargo, como toda su vida, con sus fes y convicciones, fiel a la de mi inocencia, buscó hasta que encontró a José Luís Isunza, abogado que enderezó el juicio hasta acorralar en las mentiras a Gutiérrez y lograr mí libertad.

Tengo mil historias de estos años y todas, invariablemente, están ligadas a Ricar, a su tozudez, a su necedad, a su fuerte responsabilidad de hermano mayor. Ahora las veo con otra perspectiva, eso sólo lo pudo haber hecho él.

De los 50as a los 70as.

El “Centella” su cochecito negro y plata con el que jugábamos carritos, el carretón –que mi mamá recordará bien- con el que corríamos por la banqueta en Guanábana, los principios de nuestra sexualidad, nuestro primer tocadiscos en la recámara, Eric Burdon, los Beatles, los juegos de tochito en el camellón, Lupita la vecina, mis canciones que sólo él oyó. La ocasión que casi hacemos una explosión del tanque de gas de casa, cuando nos subimos a la mesa para pintar la cocina de amarillo, la vencimos y nos caímos con todo y pintura. Cuando jugábamos “paradones” desde la escalera hasta la cama de mis papás –donde estaba la portería-, el club de Navidad con Becky, su paso por los Cheyenes, ser su hermano menor en la secundaria y tener que “ser como él”, nuestro viaje a Venezuela a los 17 años, la final de futbol americano en CU, los volantes de la liga comunista 23 de septiembre con Panchito en el 68, las comisiones y presidencia en Caudillos, nuestro primer coche con un préstamo de la Tía Tita… en fin.

Incontables estupideces he cometido en la vida y hasta el 4 de junio Ricar me cuidó y se preocupó por mí, a partir de ese día ya no puedo hablar con él como siempre lo hice, ahora estoy en tiempo de recuperar mi lazo, -a veces, debo confesar- me pega su ausencia y lloro, me consuelo pensando que anda por aquí, viendo a los borregos, llevándole el periódico a mi Mamá, comiendo con Amalia los sábados, dando consejos a Atli y pensando en Elelli, hablando como Batman con Gatúbela, dando su opinión de Raque y Becky y lo que más me ilusiona: regañándome por los desordenado que soy y diciéndome que ponga en orden mis cosas.

Sé que está mejor que yo, quiero creer que se encontró con mi Papá y que está en alguna parte rodeado de luz y paz.